En días pasados la Empresa de Energía del Pacífico – EPSA realizó en el Municipio de Ginebra la primera socialización del proyecto denominado Pequeña Central Hidroeléctrica (PCH) Río Guabas, a la cual tuve la oportunidad de asistir.
En esta reunión me sorprendieron 2 situaciones: La primera, y quizá la más importante, fue la firme negativa de los líderes comunitarios y la comunidad en general sobre la posibilidad de desarrollar este proyecto en la cuenca del Río Guabas. Pero lo interesante es que los ciudadanos ginebrinos, principalmente pertenecientes a la parte alta, no se opusieron al proyecto por simple capricho, sino porque han tenido la oportunidad de conocer, ya por experiencia personal, ya por el estudio realizado en el proceso de construcción del Plan de Manejo de la Cuenca Hidrográfica del Río Guabas (POMCH), que se lleva a cabo en este momento, la fragilidad del ecosistema y en general de la parte alta de su cuenca. De este modo, cada negativa estuvo acompañada de un argumento sencillo pero innegable.
Tristemente, la intervención de los representantes de la EPSA en respuesta a la pronunciación e inquietudes de la comunidad fue la otra situación que me llevó a escribir estas líneas, pues de forma muy cordial trataron de descalificar los conceptos emitidos por las personas que intervinieron, tratando de enfatizar en el hecho de que los líderes comunitarios son campesinos. Cómo pueden ignorar argumentos tan válidos como la fragilidad constitutiva del suelo, la existencia de pendientes superiores al 45%, la pérdida de caudal del río en la estación seca hasta el déficit en el balance hídrico de la región, la declaración de zona de reserva forestal según la Ley 200, además de la intervención de un hito de belleza escénica incomparable con una obra de infraestructura.
Si bien los asistentes en su mayoría hacían parte de la comunidad de la zona alta, muchos de eran profesionales en distintas áreas los cuales presentaron argumentos igualmente válidos en representación de Ginebra y Guacarí, apoyando la negativa de la comunidad.
Quizá lo más lamentable es que al final de la reunión, con un 100% de los asistentes, dentro de los cuales había delegados de todos los grupos conformados en la región, en contra del proyecto, se concluyó que EPSA entrará a realizar “estudios” de viabilidad del proyecto. Dónde queda entonces la voluntad soberana del pueblo, si una negativa tan contundente como ésta no puede detener un proyecto que según la empresa generadora les representa solo un pequeño aporte para el potencial requerido.
Qué sentido tiene toda la legislación ambiental y participativa en nuestro país a la luz de una situación como ésta? Si seguramente los estudios ya se realizaron y la negociación se desarrolló a puerta cerrada llegando al proceso legal de concesión. Para qué se llena el requisito de convocar a la comunidad?
Es necesario buscar siempre nuevas formas de progreso y de bienestar para la región y el país en general, pero por qué siempre el desarrollo debe atropellar sitios de una belleza escénica como Puente Piedra en el Río Guabas y un ecosistema tan frágil y deteriorado como la parte alta de su cuenca.